lunes, 29 de agosto de 2016

Karamandunca

I'm just a poor boy, i need no sympathy because i'm easy come, easy go.... lalalala... cantaba eso mientras repartía volantes y sonrisas. Después de un momento llega la hora en que no pasa ni un alma. Hay como todo en la vida momentos. Momentos en que se me amontona la gente y tengo que convertirme en pulpo y momentos en que estoy en pose de César Vallejo. No puedo bajar ni un libro. Me aburro. Mi puesto colinda con panadería. El pan es comprado a toda hora, sobretodo cuando sale la karamandunca. Es muy divertido, ver al muchacho encargado de rellenar los potes de pan, pareciera que la gente tuviese un detector automático para detectar el pan recién salido del horno. Nada más la karamandunca sale, la panadería se llena en un abrir y cerrar de ojos. A lo lejos observo y me empiezo a imaginar al muchachito del pan como una especie de celebridad rodeado de fanáticos locos y acosadores empujándose por obtener algo de el. El muchacho (del cual no recuerdo su nombre) se abre paso entre la mancha de gente para poner la karamandunca correctamente en su lugar pero por más que alza la voz pidiendo permiso porfavor, nadie tiene la amabilidad de abrirle paso. Esta ves dejo mi puesto de observadora y me acerco a ayudarlo desde el otro lado. Le abro camino literalmente a la fuerza. Me siento como un carro intentando abrirse camino en el tráfico. Recuerdo a Mi Kid cuando renegaba del pensamiento peruano. Me gustaría indignarme. Decirle a todas esas personas que para empezar si quieren tanto comer karamandunga se hagan a un lado, y que la verdad cualquier pan caliente pesa más que uno frío, que comerlo caliente es malo para la digestión, pero nada de eso importa. Después de abrir los brazos y poner la cara más fea que pueda yo tener, el muchacho logra rellenar los potes. Regreso y me pongo a pesar pan. Quisiera sentirme robot, pero cada persona que observo es diferente, y cada pan que peso, es diferente. De alguna manera me siento aliviada de no estar en un trabajo en el cual no me de tiempo de observar. Luego regreso a mi vitrina empiezo a cantar y a bailar. En la panadería suena picky picky picky... mientras yo tarareaba una canción de crystal castles. Me percato de que el muchachito al que había ayudado antes me mira de reojo y luego sonríe. Me detengo. Ya no bailo, ni tarareo nada. Me pongo seria, muy seria. Ahora que analizo bien, es la primera ves que el me habla- Gracias compañera, por favor ayúdame a pesar el pan- me dijo. Todos en esa área me fastidian mucho, pero el siempre se voltea o simplemente se hace el loco. Cada persona es diferente pienso... aún no quiero escribir sobre mis compañeros de panadería, quiero observarlos más (porque aún no les hablo y no me sé sus nombres).

viernes, 19 de agosto de 2016

Tortas

No tengo que escribir nada más del ayer, hoy es hoy. Llega esa etapa de seguridad completa aunque solo sea mental pero se siente bien como un match  point. Hoy comencé la rutina del trabajo. Llegué 30 min antes, escuchaba Arcade Fire-Ready to start. Es extraño. Es la primera vez que trabajo de vendedora, años atrás hubiera considerado este empleo como una muerte segura para mi, un despido automático. No he sido buena para interactuar con personas en gran cantidad, no he sido buena para iniciar una conversación, no he sido buena para repartir sonrisas al por montón, no he sido buena para maquillarme, ni tener la postura de una damita refinada- ¿para qué? Siempre me lo pregunte y siempre me respondía a mi misma - Al final, detrás de esa piel todos somos huesos y sangre y pedazos de carne. Pero estoy acá, en el baño, ya cambiada con el uniforme de la empresa siendo parte de eso que no me gusta, sintiéndome parte de eso que no me gusta, sintiéndome una fruta genéticamente procesada. Voy pensando y renegando dentro de mi mientras veo mi rostro y el de otras 10 mujeres reflejados en el espejo. Debo concentrarme, maquillarse es como dibujar, el tacto debe ser impecable, los trazos limpios, los colores deben tener armonía. Es la primera vez que empiezo a preocuparme de que si los tonos que le he puesto a mis párpados tienen armonía. Quiero concentrarme para aplicarme el delineador pero se me es imposible. Hay demasiadas chicas a mi alrededor y todas con la mirada puesta en la misma dirección. Empiezo a buscar un tutorial de cómo delinearse los ojos correctamente en sus reflejos, pero todo es tan rápido que desisto de hacerlo. En eso para hacerme sentir bien con mi decisión, recuerdo la sugerencia de una amiga mía de universidad, ella siempre me decía debes usar blanco y negro para así hacer tus ojos más grandes y expresivos. Estoy a punto de tirar mi cartuchera de cosméticos (okey creo que eso tiene otro nombre pero no lo recuerdo) pero recuerdo que tengo sueños que cumplir a pesar que en este momento no tenga ni idea por dónde comenzar, por primera vez en mi vida me siento perdida. Es muy pronto para rendirse. Apago el celular y guardo todo en mi casillero. Me han explicado que no puedo tener nada en mi área de labores. No me afecta dejar el celular tanto como pensé. Mi celular ha dejado de vibrar hace mucho. Lo que si me duele dejar el libro que ando leyendo. No soy la única que lucha. Bajo por inercia siguiendo a M, Mi nueva compañera de trabajo, es alegre y me agrada la frescura con que me explica del trabajo. Es sencillo, debo vender tortas y apuntar las salidas del día, tener el ambiente limpio y una gran sonrisa. Sonrío. No se porqué lo hago pero sonrío. Es mi primer día y he vendido 7 tortas grandes. Esta bien me dice M, mientras mas grandes vendamos mejor. M se retira a su casa. Me quedo sola parada frente a una vitrina, wondering just wondering as always wondering... Ahora me siento más relajada y feliz aunque ya no sonría, pero mi soledad lo sabe. Mis metas lo saben. A veces me dan miedo y eso es exactamente lo que me motiva mas. Eso es suficiente por hoy.