I'm just a poor boy, i need no sympathy because i'm easy come, easy go.... lalalala... cantaba eso mientras repartía volantes y sonrisas. Después de un momento llega la hora en que no pasa ni un alma. Hay como todo en la vida momentos. Momentos en que se me amontona la gente y tengo que convertirme en pulpo y momentos en que estoy en pose de César Vallejo. No puedo bajar ni un libro. Me aburro. Mi puesto colinda con panadería. El pan es comprado a toda hora, sobretodo cuando sale la karamandunca. Es muy divertido, ver al muchacho encargado de rellenar los potes de pan, pareciera que la gente tuviese un detector automático para detectar el pan recién salido del horno. Nada más la karamandunca sale, la panadería se llena en un abrir y cerrar de ojos. A lo lejos observo y me empiezo a imaginar al muchachito del pan como una especie de celebridad rodeado de fanáticos locos y acosadores empujándose por obtener algo de el. El muchacho (del cual no recuerdo su nombre) se abre paso entre la mancha de gente para poner la karamandunca correctamente en su lugar pero por más que alza la voz pidiendo permiso porfavor, nadie tiene la amabilidad de abrirle paso. Esta ves dejo mi puesto de observadora y me acerco a ayudarlo desde el otro lado. Le abro camino literalmente a la fuerza. Me siento como un carro intentando abrirse camino en el tráfico. Recuerdo a Mi Kid cuando renegaba del pensamiento peruano. Me gustaría indignarme. Decirle a todas esas personas que para empezar si quieren tanto comer karamandunga se hagan a un lado, y que la verdad cualquier pan caliente pesa más que uno frío, que comerlo caliente es malo para la digestión, pero nada de eso importa. Después de abrir los brazos y poner la cara más fea que pueda yo tener, el muchacho logra rellenar los potes. Regreso y me pongo a pesar pan. Quisiera sentirme robot, pero cada persona que observo es diferente, y cada pan que peso, es diferente. De alguna manera me siento aliviada de no estar en un trabajo en el cual no me de tiempo de observar. Luego regreso a mi vitrina empiezo a cantar y a bailar. En la panadería suena picky picky picky... mientras yo tarareaba una canción de crystal castles. Me percato de que el muchachito al que había ayudado antes me mira de reojo y luego sonríe. Me detengo. Ya no bailo, ni tarareo nada. Me pongo seria, muy seria. Ahora que analizo bien, es la primera ves que el me habla- Gracias compañera, por favor ayúdame a pesar el pan- me dijo. Todos en esa área me fastidian mucho, pero el siempre se voltea o simplemente se hace el loco. Cada persona es diferente pienso... aún no quiero escribir sobre mis compañeros de panadería, quiero observarlos más (porque aún no les hablo y no me sé sus nombres).
lunes, 29 de agosto de 2016
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